Éxtasis de Santa Teresa, por Gian Lorenzo Bernini, (Barroco Italiano), Capilla Cornaro, Iglesia de Santa Maria della Vittoria, Roma, Italia, 1644—1652



Nombre: Éxtasis de Santa Teresa
Promotor: Cardenal Federico Cornaro
Autor: Gian Lorenzo Bernini (Artista Universal)
Material: Escultura en mármol y motivos en bronce
Dimensiones: 350 cm. de altura
Estilo: Barroco Italiano
Tema: Religioso (recrea un éxtasis místico o divino)
Tipología: Grupo escultórico de bulto redondo
Fecha de realización: 1644-52
Nombres alternativos: El Éxtasis de Santa Teresa;
Éxtasis de Santa Teresa de Jesús; capilla de Santa Teresa de Jesús
Localización: Capilla Cornaro, Transepto izquierdo de la
Iglesia de Santa María della Vittoria, Roma, Italia


Después del gran desengaño amoroso sufrido con Constanza Bonarelli (su eterna amada) y su hermano pequeño Luigi, que le dejarán marcado para siempre, —además del proyecto fallido de las torres para San Pedro—, Bernini reaparece milagrosamente con la que se convertirá en su obra maestra, el Éxtasis de Santa Teresa, donde el virtuosismo del artista alcanzará su máximo esplendor. El encargo de esta obra se produce en una época totalmente marginal para Bernini, que le dejarán sumido en una gran depresión, ya que hasta ese momento había sido el artista protegido y favorito del papa Urbano VIII (1623-1644). Al morir éste y sucederle Inocencio X (1644-1655), -quien prefirió a su eterno rival, el arquitecto Francesco Borromini-, Bernini (El Caballero), quedará relegado a un segundo plano alejado temporalmente de los grandes encargos pontificios, trabajando en pequeños encargos particulares. Será en esta etapa de marginación, entre 1644 y 1652, después de terminar la icónica Fuente del Tritón de la Plaza Barbernini de Roma, cuando Bernini creará esta bellísima joya escultórica, que se convirtió no sólo en una de las obras más importantes del arte barroco italiano, sino también en una auténtica obra maestra de todos los tiempos.


arriba, Retrato del papa Urbano VIII (antes Maffeo Barberini), 1631-32, por Gian Lorenzo Bernini, (Barroco Italiano), Óleo sobre lienzo, Galería Barberini, Roma, Italia; abajo, contexto arquitectónico en el que se inserta la majestuosa escultura creada por Bernini, detalle del rostro sonriente —casi perverso— del ángel, y estudio para el rostro de Santa Teresa, Terracota, 1645, Museo Nacional del Palacio de Venecia, Roma, Italia.



El cardenal veneciano Federico Cornaro encargaba a Bernini allá por el año 1644 este interesante proyecto que consistía en remodelar el brazo izquierdo del transepto de la Iglesia de Santa María della Vittoria, en Roma, Italia, con la intención de convertirla en su capilla funeraria. "Esta iglesia era de la orden de las carmelitas, a la que había pertenecido Santa Teresa, canonizada poco antes en 1622". El encargo se produce en una época de gran incertidumbre y profunda crisis religiosa de la Iglesia, donde los encargos monumentales de este tipo pretendían atraer nuevamente a los fieles. La gran perfección técnica alcanzada por Bernini con la escultura Éxtasis de Santa Teresa le catapultaron definitivamente a convertirse en el Miguel Ángel del Barroco.



Lo más destacado de la capilla Cornaro es sin lugar a dudas el majestuoso grupo escultórico realizado en mármol blanco mediante la técnica de la talla denominado "Éxtasis de Santa Teresa" que centra toda la atención. Ambas figuras se insertan bajo un frontón saliente de líneas quebradas que simula un auténtico escenario de teatro, formando parte de un marco arquitectónico incomparable, —gracias a la gran solución espacial adoptada por Bernini—, en el que el artista ha querido mostrar un carácter puramente teatral, muy típico del barroco, inclusive con palcos llenos de espectadores a ambos lados de la capilla, en el que prima un punto de vista único y frontal. En el Barroco italiano, la arquitectura se puso al servicio de la escultura como telón de fondo, enfatizando la teatralidad, teniendo muy en cuenta el punto de vista del observador, al que se intentaba acercar el arte y hacerlo partícipe.


arriba, la capilla de día, en la que gracias a la luz natural podemos apreciar, no sólo el ilusionismo de la luz proyectada en ambas figuras por los rayos de sol materializados en bronce, sino también la maravillosa vidriera dedicada a Santa Teresa de Ávila en lo alto; abajo, imagen parcial de la fachada lateral izquierda de la Iglesia romana de Santa María della Vittoria, localizada en la Plaza de San Bernardo, en Roma, tras la que se encuentra la capilla Cornaro remodelada por Bernini.



Como curiosidad, he querido mostrarles el saliente de la fachada con el que Bernini consiguió dar sensación de realidad por medio de lo falso. Esta especie de volado en la fachada coronado por tres ventanales, —ocultos interiormente por el frontón—, dejan caer luz cenital sobre ambas figuras a través de una claraboya circular de color amarillo (imagen inferior), dando la sensación de que los rayos solares materializados en bronce parezcan ser la principal fuente de iluminación. « El valor del arte reside en la ilusión que nos produce. La maestría del artista consiste en el hecho de que su obra dé sensación de realidad, aunque todo en ella resulte ser artificioso. », Gian Lorenzo Bernini.



Gracias a la luz cenital que fluye desde la claraboya, los pliegues de ambas figuras dan lugar a bellos efectos lumínicos de claroscuro. El claroscuro es una técnica pictórica que consiste en crear grandes contrastes entre zonas fuertemente iluminadas y otras muy ensombrecidas, mediante la gradación de tonos lumínicos, con lo que se consigue no sólo destacar partes concretas de la composición, sino también mayores efectos de relieve y modelado. Esta técnica alcanzó su etapa de madurez en el Barroco Italiano, especialmente en el trabajo del pintor Caravaggio, máximo representante del tenebrismo. « ¿Como superas a Caravaggio? Respuesta: no puedes, más que esculpiendo... », Simon Schama.


La Vocación de San Mateo, 1599-1600, por Caravaggio, Óleo sobre lienzo, 322 x 340 cm., (Barroco Italiano), Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma, Italia

Bernini talló el Éxtasis de Santa Teresa mediante una gran calidad y perfección técnica. Lo podemos apreciar en las vestimentas de ambas figuras, que adquieren personalidad propia (típico del Barroco). Sus formas se hinchan, los pliegues se multiplican y arremolinan, y salvo por los pies desnudos o la mano izquierda, casi no se intuye el cuerpo de la santa. En el ángel clásico, sin embargo, el ropaje sí se pega al cuerpo literalmente. Bernini dio por tanto un mayor énfasis al movimiento de las vestimentas que al de definir propiamente las anatomías; el ropaje del ángel fue representado mediante una fina tela, mientras que el hábito de la santa fue confeccionado mediante paños gruesos.


arriba, La Transverberación de Santa Teresa, Óleo sobre tela, 1672, por Josefa de Óbidos. Santa Teresa sufrió un episodio de Transverberación. Es una experiencia mística que, en el contexto de la religiosidad católica, ha sido descrito como un fenómeno en el cual la persona que logra una unión íntima con Dios, siente traspasado el corazón por un fuego sobrenatural.

La escena principal describe un momento de "éxtasis religioso" protagonizado por Santa Teresa de Jesús (1515-1582), un pasaje que ella misma cuenta en el capítulo XXIX del libro que escribió sobre su vida, cuando se le apareció un ángel por casualidad que le clavó repetidas veces un dardo de oro en el corazón, produciéndose así su "experiencia mística". La escena elegida por Bernini muestra el momento en el que el ángel saca la flecha por última vez y éste le cubre el pecho nuevamente con delicadeza. La expresión del rostro de la santa, con los ojos entornados y la boca entreabierta, —en contraste con la complaciente sonrisa del ángel—, muestra un sentimiento ambivalente (de dolor y placer).



Según sus propias palabras: «Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. El dolor era tan fuerte que me hacia lanzar gemidos, mas esta pena excesiva estaba tan sobrepasada por la dulzura que no deseaba que terminara. El alma no se contenta ahora con nada menos que con Dios. El dolor no es corporal sino espiritual, aunque el cuerpo tiene su parte en él. Es un intercambio amoroso tan dulce el que ahora tiene lugar entre el alma y Dios, que le pido a Dios en su bondad que haga experimentarlo a cualquiera que pueda pensar que miento...»


arriba, detalle del rostro en mármol caracterizado por Bernini, donde se aprecia la conciencia totalmente perdida de la santa, con los ojos a media asta y la boca entreabierta, —entregada totalmente al placer—, simulando un "éxtasis divino". En contraposición, el ángel clásico muestra una sonrisa tierna, amorosa y enigmática, pero a su vez de un sutil erotismo, como si de verdad estuviese complaciendo a la santa en vivir ese mágico momento de "éxtasis místico".


arriba, tierna y sobrecogedora imagen idealizada de Santa Teresa de Jesús a través de Madame Juliette Recamier, por François Gerard, (Romanticismo), 1827, Óleo sobre lienzo, 172 x 93 cm., París

El Barroco Italiano, —que se desarrolló principalmente durante los siglos XVII Y XVIII—, "es un estilo de ornamentación caracterizado por la profusión de volutas, roleos y otros adornos en el que predomina la línea curva", pero también sinónimo de teatralidad. La capilla Cornaro está concebida por Bernini como un auténtico escenario de teatro, en donde se desarrolla una escena principal protagonizada por Santa Teresa de Jesús, que se inserta en un marco arquitectónico incomparable, -a modo de escenario teatral-, inclusive con bambalinas, representadas por el frontón, además de palcos llenos de espectadores a ambos lados de la capilla; se trata de varios miembros de la familia Cornaro, algunos de ellos contemplando el espectáculo protagonizado por la santa. Chevalier de Brosses, un francés gran amante del arte que pasaba unos días en Roma, después de ver la escultura "Éxtasis de Santa Teresa" de Bernini, dijo: « Bueno, si eso es el amor divino, sé todo al respecto. »


Según cuenta Santa Teresa en su Autobiografía, titulada el "Libro de la Vida", el ángel que se le apareció fue un "ángel querubín". En la angelología cristiana, los ángeles querubines son considerados guardianes de la gloria de Dios. Se les suele representar con la forma de un niño con alas, o simplemente con la cabeza del mismo y sus alas. Su desplazamiento es veloz: "los seres iban y volvían, como si fueran relámpagos"; abajo, estudio para la capilla Cornaro, en el que se aprecia como Bernini solucionó el proyecto de la capilla mediante gran geometría.


« La simetría es la regla más elemental de producir belleza, que a la vez es altamente contradictoria. », Santiago Calatrava

El monumental conjunto arquitectónico de la capilla, en el que se funden arquitectura, escultura y pintura, está decorado con motivos en oro, frescos y preciosos mármoles veteados de ricos colores. Para la escena principal, y sin llegar al colosalismo, Bernini talló de forma magistral un grupo escultórico de bulto redondo de 3,50 metros de altura compuesto por dos figuras en aspa, muy característico del barroco, con el ángel en un nivel superior en vertical, -como si acabara de posarse-, y la santa en una posición reclinada, con la articulación del cuerpo de forma sigzagueante. Ambas figuras se contraponen sugiriendo gran agitación y sobre todo una intensa fuerza dramática. Bernini dio un distinto tratamiento pulido a los tres elementos que conforman la obra, suave en el cuerpo del ángel, cortante en el hábito de la santa, —debido a los marcados pliegues del ropaje—, y blanda en las nubes sobre las que flotan. La luz juega un papel fundamental en la composición, ya que al incidir de forma cenital sobre los marcados entrantes y salientes de la superficie de la escultura, se generan fuertes contrastes de luces y de sombras, con lo que se acentúa notablemente el dramatismo de la obra, dándole un carácter enteramente pictoricista.


arriba, detalle de los espectadores en alto relieve, se trata de varios miembros de la familia Cornaro, los promotores de la obra, que llenan palcos en profundidad a ambos lados de la capilla; abajo, el Éxtasis de Santa Teresa, 1645, por Gian Lorenzo Bernini, Boceto en Terracota, 45 x 35 x 22 cm., Museo Estatal del Hermitage, San Petersburgo, (RU).



Bernini tiene su propio proceso creativo a la manera (maniera-manierismo) de Miguel Ángel. Después de hacer un boceto (esbozo) previo con la técnica pictórica de carboncillo o sanguina sobre papel, realizaba un modelo en terracota (barro) con la idea que quería plasmar, para más tarde realizar una escultura final, generalmente en mármol o bronce. Como curiosidad, el famoso arquitecto Frank Gehry se inspiró en los pliegues del vestido de Santa Teresa para diseñar la fachada de formas ondulantes de su rascacielos de Nueva York, que definió con su característico "efecto cortina".


arriba, imagen nocturna de la capilla Cornaro de la que forma parte la majestuosa escultura Éxtasis de Santa Teresa creada por Bernini, en donde se aprecian también los frescos en lo alto, además de la gran profusión de adornos, en un escenario excesivamente recargado de decoración, característico del Barroco; abajo, Retrato del Papa Inocencio X, por Diego Velázquez, 1650, (Barroco Español), Óleo sobre lienzo, 140 x 120 cm., Galería Doria Pamphili, Roma (ITA)



Bernini siempre contaba con un habitual grupo de colaboradores. Mientras se iban completando los trabajos de la capilla Cornaro, el Papa Inocencio X (1574-1655) devuelve nuevamente la estima a Bernini encargándole una fuente central para la alargada Plaza Navona de Roma, con la dificultad añadida de tener que realzar el centro del espacio, sin romper la unidad de la plaza. Este proyecto no era otro que el de la famosa Fuente de los Cuatro Ríos, un proyecto que Bernini arrebató con mucha astucia a su eterno rival, Francesco Borromini, con el que conseguía así volver a recuperar su posición como arquitecto y artista supremo al frente del papado, que continuaría hasta el final de su vida.


Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni, 1671-74, (Barroco Italiano), Escultura en mármol, 188 cm., capilla Altieri, San Francesco a Ripa, Roma, (ITA); abajo, detalle



En religión, el éxtasis es el "estado del alma caracterizado por cierta unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, y por la suspensión del ejercicio de los sentidos". En la misma línea que el Éxtasis de Santa Teresa y en la plenitud de su carrera, —también para limpiar el nombre de su familia—, Bernini crea en los últimos años de su vida la bellísima escultura de la Beata Ludovica Albertoni (1474-1533) para la capilla Altieri de la Iglesia de San Francesco a Ripa, en Roma, Italia. Se trata de una figura tallada en mármol blanco a una escala un poco mayor que el natural, que reclinada, recrea el "éxtasis místico" en el que murió la beata. Bernini reflejó en su rostro en este caso una mezcla de sufrimiento humano y felicidad celestial, no en vano, la beata se iba a reunir en breve con el Señor.


Mapa de localización, capilla Cornaro, Transepto izquierdo de la Iglesia de Santa Maria della Vittoria, Plaza de San Bernardo, Roma, Italia





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Gian Lorenzo Bernini
(Barroco Italiano)
Especial frases célebres





Fontana di Trevi
Rome, Italy
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Éxtasis Beata Ludovica Albertoni
Capilla Altieri, Iglesia de San Francesco a Ripa, Roma, Italia
Gian Lorenzo Bernini







Fuente de los Cuatro Ríos
Piazza Navona, Rome, Italy
Gian Lorenzo Bernini






Fuente del Tritón
Plaza Barberini, Roma, Italia
Gian Lorenzo Bernini







Piedad
Basílica de San Pedro, Roma, Italia
Michelangelo Buonarroti









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