¿Sabías qué...? de la semana: Frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel Buonarroti



Frescos de la Capilla Sixtina


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¿Sabías qué...? La decoración artística que tan bellamente adorna el techo de la Capilla Sixtina, obra maestra del gran Miguel Ángel Buonarroti, fue realizada con la compleja técnica del Buon Fresco o Fresco Buono. La difícil técnica pictórica, que no deja margen para el error, ya que debe realizarse en tan sólo una jornada de trabajo, —apenas ocho horas—, antes de que el techo seque, tiene la particularidad de que, mediante una reacción química, los pigmentos penetran en la superficie del techo formando parte del mismo y volviéndose indisolubles al agua. La diferencia con respecto al Fresco Secco es que como su propio nombre indica, las pinturas han de aplicarse sobre el enlucido ya seco.



arriba, imagen central de la bóveda pintada por el gran Miguel Ángel entre 1508 y 1512 por encargo del papa Julio II (Giuliano della Rovere) y que representa la historia de la humanidad en el período que precede al nacimiento de Cristo. La Capilla Sixtina, antiguamente llamada Capilla Palatina, se encuentra en la Ciudad del Vaticano, no lejos de la Catedral de San Pedro, en Roma, Italia.

La técnica del Buon Fresco está basada en una reacción química conocida como carbonatación. "Los pigmentos mezclados con agua de cal, se aplican sobre una argamasa reciente, de cal y áridos, mientras la cal está aún en forma de hidróxido de calcio. Debido al dióxido de carbono de la atmósfera, la cal se transforma en carbonato cálcico, de manera que el pigmento cristaliza en el seno de la pared. Así, mientras que en la mayoría de las otras técnicas pictóricas la pintura —queda en la superficie—, en el fresco, la pintura queda "incrustada" en el interior de la superficie preparada, con lo que conseguimos que esa pintura no pueda ser alterada".



arriba, una de las escenas más famosas de la Capilla Sixtina, La Creación de Adán, que se encuentra en la zona central de la nave. Dado su gran conocimiento de la anatomía humana y la escultura, —ya había realizado algunas de sus mejores obras como La Piedad, en primer término, y posteriormente El David—, Miguel Ángel Buonarroti fusionó Arquitectura, Escultura y Pintura en la misma obra.



La antigua bóveda de cañón de la Capilla Sixtina, —que estaba decorada con una sencilla pintura de color azul tachonada de estrellas y que representaba el firmamento, obra del pintor Pier Matteo d’Amelia—, fue preparada por Miguel Ángel mediante varias capas de cal y árido. La primera capa de cal se mezclaba con arena y las sucesivas con una mayor concentración de cal hasta conseguir una superficie completamente lisa mediante una espátula. Sobre la última capa de cal, la más fina y aún fresca, se aplicaban los colores. Miguel Ángel, quien también tuvo grandes dotes de ingeniero, ya que creó un andamiaje especial para realizar los frescos que debía permitir seguir con las misas previstas cada semana, utilizó plantillas a escala real de las diferentes escenas y los personajes que representan la Génesis, Biblia o Antiguo Testamento.



arriba, imagen del Juicio Final que preside el altar, —de 13.70 m. de altura x 12.20 m. de ancho—, que fue realizado por Miguel Ángel entre 1536 y 1541 por encargo del papa Clemente VII y más tarde confirmado por el papa Pablo III Farnesio (1468-1549). Como curiosidad, el nombre completo de Miguel Ángel (1475-1564) es Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni.

Las plantillas realizadas sobre papel, que le simplificaban enormemente el trabajo a Miguel Ángel, —dado que la técnica del Buon Fresco requería de actuar con bastante destreza y rapidez antes de que secase la superficie de yeso—, consistía en perforar las líneas del dibujo mediante una serie de puntos, para posteriormente, con un spolvero, al pasarlo por encima del papel agujereado en la superficie del techo, el dibujo original quedaba marcado en el enlucido como guía para el artista. Además, aparte de que es una técnica que no permite retoques, otra de las dificultades añadidas del Buon Fresco es que debido a la reacción química del pigmento con la cal, al secarse, los colores aplicados cambiaban de tonalidad, de modo que Miguel Ángel hizo muchas pruebas y tuvo que intuir muy bien como iban a quedar los colores después de secada la superficie, ya que de lo contrario, si había algún error, tenía que raspar y empezar de nuevo.



Aunque desde el exterior la Capilla Sixtina no ofrezca un gran interés arquitectónico, la realidad es que su interior esconde uno de los mejores referentes del mundo del arte por excelencia, los frescos de "El Divino" Miguel Ángel. No obstante, son 20.000 visitas diarias las que recibe en la actualidad la Capilla Sixtina.

Para hacernos una idea de lo dificultoso del dominio de la técnica del Buon Fresco, se le resistió al propio Leonardo da Vinci. "La Capilla Sixtina debe su nombre al papa Sixto IV della Rovere (pontífice desde 1471 hasta 1484), quien hizo reestructurar la antigua Capilla Magna entre el año 1477 y el 1480". Asimismo, a la capa de cola animal que se había aplicado siglos atrás a los frescos de Miguel Ángel, —que ayudarían a evitar el desprendimiento del techo y que oscurecieron notablemente la obra con el paso del tiempo—, le siguió una importante restauración que se llevó a cabo entre 1980 y 1994, en la que se descubrió la luz y los vivos colores que había empleado Miguel Ángel en la esplendorosa época artística del Renacimiento Italiano.



Arriba, detalle principal del Juicio Final con el gesto de Cristo separando a los justos de los pecadores y la Virgen María, a su derecha, como protagonistas de la escena. "Sin haber visto la Capilla Sixtina, uno no puede formarse una idea apreciable de lo que el ser humano es capaz de lograr", Johann Wolfgang Goethe.

Los personajes que tan bellamente recrean la Génesis en la Capilla Sixtina fueron escenificados por Michelangelo con sus cuerpos totalmente desnudos, lo que se conoce como ignudi (desnudos), tal y como era costumbre y gusto en el Renacimiento. Sin embargo, la realidad es que ésto no gustó mucho a algunos de sus cardenales, en especial al maestro de ceremonias Biagio de Cesana, así que después de la negativa del artista, por orden del papa Paulo III Farnesio se encargó al discípulo Daniele da Volterra que cubriese las partes íntimas de algunos de los personajes con velos o "bragas", —lo que le valió el apodo de "Braghettone"—; este hecho molestó bastante a Miguel Ángel, aunque éste se vengó. Esta adición realizada posteriormente por Daniele da Volterra fue pintada con la técnica pictórica del Óleo, de modo que las nuevas pinturas no forman parte del último enlucido preparado por Miguel Ángel, sino que quedaron plasmadas de forma superficial.



arriba, imagen general de la Capilla Sixtina. Una de las particularidades muy interesantes que posee la técnica del Buon Fresco es que resiste muy bien el paso del tiempo, tal y como lo demuestran algunas de las construcciones de la antigüedad que todavía hoy nos sobreviven y que podemos admirar en todo su esplendor en las ruinas del antiguo Egipto, Grecia o Roma.

La Capilla Sixtina, de unas medidas de 40 x 13,5 x 21 metros de altura, inspiradas en las del Templo de Salomón en Jerusalén, suele asociarse normalmente con el nombre de Michelangelo, sin embargo, en los muros de la capilla que sustentan la bóveda también colaboraron otros importantes pintores del Renacimiento Italiano como Perugino, Ghirlandaio o Botticelli, entre otros, quienes crearon bellísimos murales rectangulares de más de cinco metros de longitud con la técnica del fresco, tal y como se puede apreciar en la imagen superior. La monumental obra de Miguel Ángel Buonarroti realizada en la Capilla Sixtina, que fue desarrollada durante casi una década, —aunque en períodos distintos—, se convirtió no sólo en una de las mejores obras del Cinquecento Italiano, sino también en una de las obras maestras de toda la Historia del Arte. En el edificio se celebran las Ceremonias Pontificias, así como el Cónclave y la Elección Papal, tan mediática en los últimos años.



arriba, retrato de San Bartolomé con el rostro de Pietro Aretino, amigo de Miguel Ángel, que había sido censurado por la Iglesia por sus escritos de lujuria. El personaje aparece representado con un puñal en su mano derecha y su propia piel sostenida con la mano izquierda, en la que además se retrató el propio Miguel Ángel.

El gran artista del Renacimiento, quien se había negado en rotundo a cubrir las partes más íntimas de los personajes que tan duro trabajo le había costado realizar durante algunos años, finalmente se vengó, y Biagio de Cesana obtuvo su castigo. En el vértice inferior derecho del Juicio Final, a las puertas del infierno, el artista retrató al rey del infierno Minos con el rostro de Biagio de Cesana. Miguel Ángel le ridiculizó representándolo desnudo, con enormes orejas de asno, enrollado en una serpiente y rodeado de monstruos, tal y como se puede apreciar en la imagen inferior. Asustado, al verse representado en el infierno, la leyenda cuenta que Biagio de Cesana acudió al papa con lágrimas y suspiros para que diese orden al Sr. Michelangelo de que borrara su horrible caricatura. Paulo III, quien por lo que se cree poseía buen humor, le contestó: "hijo mío, si el pintor te hubiese puesto en el purgatorio, podría sacarte, pues hasta allí llega mi poder; pero estás en el infierno y me es imposible".



Cinco siglos después, la realidad es que Biagio de Cesana sigue todavía en el infierno del Juicio Final de la Capilla Sixtina que recrea el Apocalipsis de San Juan. Sin duda, quien expresó la opinión de que los frescos de Miguel Ángel eran más bien la decoración propia de un baño público o de una taberna, habrá maldecido el día en que presentó sus quejas al papa; abajo, interesante vídeo de la Capilla Sixtina.



Es muy importante señalar que, antes de pintar la Capilla Sixtina, Miguel Ángel Buonarroti sólo había realizado escultura; las más importantes hasta ese momento, La Piedad (1498-1499), en primer término, y posteriormente, El David (1501-1504). Además, la idea de que Miguel Ángel pintase los frescos de la Capilla Sixtina fue planeado por varios artistas rivales del Renacimiento envidiosos de su arte, entre ellos Rafael, quienes pensaron que Miguel Ángel no podría llevar a cabo tal inmenso reto, máxime si cabe por la dificultad añadida de que nunca había trabajado con la dificultosa técnica del fresco, y éste, sería el hazmereir de todo el mundo. El también llamado "Juicio Universal" esconde algunos detalles muy interesantes que merece la pena citar, como por ejemplo la evidente homosexualidad de Miguel Ángel, su devoción constante por la belleza del cuerpo masculino en particular, inclusive representándolo en el de las mujeres, —a quienes simplemente ponía pechos—, personajes masculinos besándose, o incluyendo a su gran amor "tardío", el joven romano Tommaso Cavalieri, con quien compartió su vida hasta el final de sus días en febrero de 1564.





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