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Psique reanimada por el beso del amor, por Antonio Cánova, Mármol blanco, (Neoclasicismo), Museo del Louvre, París, Francia, 1786-1793



Cliente: John Campbell (Lord Cawdor)
Escultor: Antonio Cánova
Nombre Oficial: Psique reanimada por el beso del amor
Nombre alternativo: Eros y Psique
Tema: Mitológico
Material: Mármol blanco de Carrara
Técnica: Talla
Dimensiones: 155 x 168 cm.
Estilo: Neoclásico
Tipología: Grupo escultórico de bulto redondo
Localización: Museo del Louvre, París, Francia


Eros y Psique protagonizan una de las más bellas y tiernas historias de la mitología griega. La maravillosa historia, —narrada por una anciana con la intención de mitigar los temores de una jovencita a quien el destino había preparado funestos sucesos—, quedó inmortalizada en "Las Metamorfosis" de Apuleyo, o también conocida como el "Asno de Oro" de Apuleyo, única novela latina completa que se conserva, que fue creada por el escritor romano más importante del siglo II a. C. Lucio Apuleyo (125 d. C.-180 d. C) como una adaptación de un original griego. La preciosa historia cuenta que Psique era la menor y más hermosa de tres hermanas hijas de los Reyes de Anatolia (Turquía). A pesar de que sus dos hermanas mayores poseían gran atractivo y estaban bien proporcionadas, su belleza no podía compararse ni de lejos con la de Psique. La muchacha era tan bella, que provocó los celos de la mismísima Afrodita (Venus), la Diosa de la belleza. Para vengarse de su competidora, Venus ordenó a su hijo alado Eros (Cupido), que visitara a la joven y le clavase una flecha maligna que la hiciese enamorarse del hombre más feo, cruel y detestable del inframundo. Para cupido (el dios del amor), un trabajo de este tipo era coser y cantar.


El nacimiento de Venus, 1879, por William-Adolphe Bouguereau, Óleo sobre lienzo, 300 x 125 cm., (Academicismo), Museo de Orsay, París (FR). Desde la antigüedad, el cabello largo de la mujer ha sido siempre símbolo de gran belleza, y tanto Venus (Afrodita), como Psique (el alma), aparecen representadas de forma magistral por diferentes pintores del Neoclasicismo con una melena larga y suelta por debajo de la cintura o también con un recogido.

A pesar de que sus hermanas poseían una discreta belleza, éstas ya se habían casado. Sin embargo, Psique, la más bella entre las bellas, que había alcanzado una enorme fama mucho más allá del reino, y a la que todos contemplaban, todos admiraban, todos adoraban, y echaban flores por donde quiera que pasara, nadie le pedía matrimonio. El padre de Psique, preocupado y en la desesperación por ver a su hija soltera a pesar de su belleza, consultó el oráculo que Apolo (fundador de la ciudad) tenía en Mileto. La respuesta no presagiaba nada bueno para la joven, ya que el oráculo predijo que el rey tendría que subirla a la roca del monte más alto y una vez allí, un ser oscuro, despiadado, y horrible que solía vagar por el cielo se la llevaría para siempre. De modo que el padre (el rey de Anatolia), muy a su pesar y haciendo caso al oráculo, subió a Psique a la roca más alta que pudo encontrar. Llorando y temblando de miedo por saber el triste final que le esperaba, de repente Psique sintió una suave brisa de poniente que la despegó del suelo y se la llevó plácidamente hasta un valle de césped florido. Se trataba de Cupido, (el dios del amor), quien después de llegar a la roca donde ésta se encontraba, siguiendo las órdenes de su madre Afrodita (Venus), —pero herido por sus propias flechas—, se enamoró locamente de ella llevándosela a un precioso castillo donde la visitaba cada noche.


El rapto de Psique, 1895, por William-Adolphe Bouguereau, Óleo sobre lienzo, 209 x 120 cm., (Academicismo), Colección Privada. Psi (Ѱ), es la vigésimo tercera letra del alfabeto griego y es asociada a la Psicología. Es representada con el símbolo de una mariposa. No obstante, la letra Ѱ (Psi) representa el propio cuerpo de la mariposa. Tal y como puede verse en el espléndido lienzo de Bouguereau, Psique (el alma femenina) aparece representada con unas alas de mariposa.



Significado del símbolo Ѱ (Psi) y su relación con la mariposa: « El símbolo consta de una mariposa cuyo cuerpo lo constituye la letra griega Psi (Ѱ). La figura de la mariposa presenta un leve giro con sentido dinámico. El símbolo reúne significados tradicionales (de la mitología griega) y contemporáneos a la vez. La palabra “PSIGE” antes de los presocráticos (Se dice de los filósofos griegos anteriores a Sócrates y de su filosofía) significaba solamente “mariposa”. De hecho, la letra Ѱ (psi) es el dibujo estilizado de una mariposa. Posteriormente, el termino “psigé” se utilizó con significado de “soplo”, “aliento” (alma). Los griegos creían que cuando moría un humano y exhalaba su último aliento, éste abandonaba los despojos corporales volando en forma de mariposa. »

Después de conocer su nuevo y acogedor hogar, Cupido le advirtió a Psique que nunca podría ver su rostro, ya que si descubría el secreto, éste se marcharía para siempre y nunca más volvería a verlo. Cupido visitaba a Psique todas las noches, y allí vivían grandes momentos de amor apasionado. Con el tiempo, Psique empezó a echar de menos a sus hermanas, por lo que pidió a su amado monstruo que le dejase verlas, pero éste siempre se negaba. Más tarde, sus hermanas se enteraron de la historia de Psique. ¿Como va a ser que nuestra hermana no conoce el rostro de su esposo?, se preguntaron. Si no quiere revelar sus rasgos físicos es porque será un ser horrible y tremebundo, un monstruo en toda regla. Después de mucha insistencia, amenazas y disputas, Cupido finalmente aceptó, pero le advirtió a Psique que sus hermanas intentarían separarles. Al llegar al maravilloso Castillo, sorprendidas por ver la vida tan agradable y placentera que llevaba, —el lugar contaba con habitaciones de mármol, piedras preciosas y todo lujo de detalles—, se sintieron tan desdichadas debido a sus peores vidas que en su envidia, idearon un plan para desenmascarar a su amado monstruo. Al regresar al reino ocultaron todos los privilegios que poseía su hermana y siguieron con sus llantos y suspiros, ya que se suponía que Psique estaría muerta o por lo menos aún desaparecida.


Cupido y Psique, 1817, por François-Édouard Picot, Óleo sobre lienzo, 233 x 291 cm., (Neoclasicismo), Museo del Louvre, París (FR)

Una noche, siguiendo con esmero el plan ideado por sus hermanas, —éste consistía en guardar una navaja bajo la cama con la intención de degollar al monstruo mientras dormía—, Psique, movida por la curiosidad, se acercó al lecho de amor con una lámpara de aceite. Lo primero que vio fue un arco y un carcaj de flechas delante de la cama. Como quería mirar y curiosearlo todo, cogió una de las flechas y en un descuido se pinchó con su afilada punta, lo que provocó irremediablemente que se enamorase de Cupido. En su afán por ver más de cerca a su ahora eterno amado, (al final y para su sorpresa, afortunadamente no se trataba de un monstruo sino nada menos que de Cupido, el dios del amor), de repente, una mala suerte hizo que cayeran unas gotas de aceite sobre su hombro, y éste, dolorido, despertó. Sintiéndose traicionado, (Cupido había sido descubierto), huyó emprendiendo el vuelo no sin antes reprender a Psique por no haber cumplido el trato acordado, quien se quedó aturdida y perpleja en el suelo por el desastre ocurrido. Entonces, una gaviota informó a Venus del estado de su hijo y también del abandono que todos sufrían tanto de Venus como de Cupido. Estoy segura de que mi hijo anda envuelto en amores, dijo Venus enfadada. ¿Cómo se llama la joven?, preguntó al ave. No estoy segura, pero creo que se llama Psique. Al conocer la noticia, Venus visitó a su hijo, quien se hallaba malherido y sufriente. Después de curarle las heridas, le juró a Cupido que Psique pagaría por ello.


Cupido y Psique, 1707-1709, por Giuseppe Maria Crespi, Óleo sobre lienzo, 130 x 215 cm., (Barroco), Galería de los Uffizi, Florencia, La Toscana, Italia

Después de apresarla, entre insultos, maltratos y vejaciones, Venus (la Diosa de la belleza) sometió a Psique a diversas pruebas que debía superar si quería volver a ser libre y recuperar a Cupido. Después de los acontecimientos, —Venus (Afrodita) había perdido un poco de atractivo—, la última prueba que le impuso consistía en bajar al infierno con un jarrón para llenarlo de un poco de hermosura de Proserpina (la diosa del Infierno) con la estricta prohibición de no abrirlo. Al pensar que moriría en el infierno, Psique subió a una torre muy alta para suicidarse, pero ésta (la torre), le aconsejó que no lo hiciera y de entre muchos de los consejos que le dio para volver a casa sana y salva, le dijo que bajo ningún concepto se le ocurriera abrir el jarrón. Así pues, después de abandonar su idea suicida, Psique partió su camino hacia el infierno para reunirse con Proserpina. Después de conseguir su objetivo, y mientras regresaba, una gran curiosidad hizo en ella que finalmente lo abriera. Cómo el jarrón no encerraba la hermosura de Proserpina, sino un sueño infernal, bastante parecido a la muerte, Psique cayó al suelo como muerta. Cupido, ya recuperado de sus heridas y en el afán por recuperar a su amada, la buscó sin cesar hasta encontrarla. La escultura de Cánova representa el momento "en que Eros (el amor) acude a despertar a Psique (el alma), del profundo sueño en el que había quedado sumida tras haber abierto el jarrón que le había entregado Proserpina, la diosa del Infierno, mujer de Plutón".


El círculo que forman los brazos de ambas figuras enmarcan el beso apasionado en el que están a punto de fundirse tras el reencuentro, convirtiéndose en el foco de atención más fuerte en la composición. A su vez, existe un realismo idealizado de los personajes mitológicos. Sus rostros transmiten gran emoción, pero una emoción contenida, que anticipará el romanticismo de Rodin que está por venir; abajo, vista posterior, donde se aprecia el jarrón y el carcaj de flechas que porta Cupido.



Antonio Cánova (1757-1822), el mejor escultor de su tiempo, —máximo exponente de la escultura neoclásica—, hizo varias versiones de Eros y Psique, y entre ellas, la que se exhibe espléndida en el Louvre, como su versión magistral. La obra fue realizada por encargo del coleccionista de arte John Campbell (Lord Cawdor), con la intención de que decorase su casa particular. Más tarde, después de ser robada de su emplazamiento original por el General Murat, llegó a manos de Napoleón, quien después de conocer tal bellísima creación, no dudó un segundo en convertirse en el principal mecenas del artista. Debido a su plasticidad, perfección y belleza, la obra se convirtió de inmediato no sólo en una de las obras más importantes del Neoclasicismo, sino también en una auténtica obra maestra de todos los tiempos. A pesar de que el mármol es un material pesado, la bella escultura posee una gran ligereza. Ésta, queda representada por los dos personajes mitológicos, Eros (Cupido), el Dios del amor, y Psique, (la mente humana), que más tarde será convertida en la Diosa del alma.


arriba, detalle del jarrón -representado por Cánova- que Venus había hecho llevar a Psique al infierno para llenarlo de la hermosura de Proserpina, y que finalmente, debido a su gran curiosidad, abrió, quedando sumida en un sueño casi mortal. Afortunadamente, su amado Cupido acudió en su búsqueda para rescatarla.

La obra que se exhibe en el Museo del Louvre, —titulada oficialmente "Psique reanimada por el beso del amor"—, se corresponde con un grupo escultórico de bulto redondo compuesto por dos figuras semi-desnudas, que provocan gran erotismo y sensualidad en el espectador. El artista concibió la obra para ser observaba desde todos los puntos de vista; lo demuestra la previsible base móvil y el asa de hierro que embutió en el lado derecho, que invita a girar la escultura para disfrutarla 360 grados. Esta primera versión de Eros y Psique creada por Cánova entre 1786 y 1793 fue realizada en mármol blanco -en varias piezas- mediante la técnica de la talla con gran virtuosismo y perfección técnica. La luz que se proyecta en ambas figuras juega un papel fundamental en la composición, ya que produce en ellas bellos efectos lumínicos de claroscuro que le dan un carácter pictoricista. A su vez, en la obra también se aprecia una gran luminosidad debido a la blancura y transparencia del mármol extraído de la Cueva del Polvaccio en Carrara, mágico lugar de donde otros importantes artistas multidisciplinares como Miguel Ángel Buonarroti en el Renacimiento, o más tarde Gian Lorenzo Bernini en el Barroco, ya habían extraído este preciado material para esculpir algunas de sus más grandes creaciones.


arriba, Eros y Psique, 1798, por François Gerard, Óleo sobre lienzo, 186 x 132 cm., (Neoclasicismo), Museo del Louvre, París (FR)

Debido a las alas de Eros, la composición piramidal de las figuras entrelazadas forma una X, (mediante líneas convergentes y divergentes), lo cual ya es de admirar por la complicada pose de ambas figuras, cuyo principal foco de atención se centra en el beso apasionado que están a punto de darse los dos enamorados en su tan ansiado reencuentro. La complicada postura que presentan ambas figuras demuestra el gran virtuosismo alcanzado por parte del artista, quien nos deleita con la sutileza y fragilidad en el dominio del mármol. Se respira mucho aire alrededor de la obra, no sólo por los llenos y vacíos de ambas figuras, sino por el espacio circundante que las rodea. Existe una belleza generalizada de la obra que transmite una gran ligereza debido a la delgadez de ambas figuras, muy estilizadas, —aunque esculpidas a tamaño natural—, en el que prima un fino acabado pulido. No obstante, el pelo y los pliegues del vestido de Psique reflejan bien la recuperación del clasicismo. Las elegantes alas de Eros -adosadas con gran precisión- representan voluptuosidad, grandiosidad y belleza, características esenciales de la obra, que le dan a su vez un gran dinamismo. Psique está recostada sobre una roca y Cupido, con su porte majestuoso y varonil la acoge entre sus brazos para revivirla con un beso de amor apasionado.


La boda de Cupido y Psique, 1744, por François Boucher, Óleo sobre lienzo, 93 x 130 cm., (Rococó), Museo del Louvre, París

Como no podía ser de otra forma, la historia de Eros y Psique acaba con final feliz y Jupiter, (el Dios del Universo), los casa. Psique es convertida por Júpiter en la Diosa del alma y la eterna pareja enamorada trae al mundo un hijo espléndido llamado voluptuosidad. Esta primera versión de Eros y Psique fue un éxito inmediato, lo que provocó que varios coleccionistas de arte se apresuraran a pedirle réplicas a Cánova, aunque con leves variaciones, como la encargada por el príncipe Yusupoff, —que se encuentra en el Museo Hermitage de San Petersburgo—, que modificó cubriendo totalmente las piernas de Psique o las partes más íntimas de Eros con una hoja de la naturaleza. Como curiosidad, Cánova regaló el modelo en yeso de la escultura original a Adamo Tadolini, su discípulo favorito y "heredero espiritual", quien más tarde haría diversas réplicas, al menos cinco, incluyendo la que se encuentra en la Villa Carlotta, pero con algunas variaciones, como por ejemplo en una de ellas, en la que añadió a Psique unas pequeñas alas de mariposa.

Personajes principales que aparecen en la historia de Eros y Psique:
Cupido, (Eros en griego), es el dios del amor, hijo de Afrodita (Venus)
Psique (la mente humana), es convertida por Júpiter en la diosa del alma
Afrodita (Venus-la diosa de la belleza)
Júpiter (Dios del Universo y de todos los hombres)
Proserpina (Diosa del Infierno)
Plutón (Dios del Infierno o Inframundo)


arriba, detalle de la eterna pareja enamorada. La bellísima escultura neoclásica tallada de forma magistral por Antonio Cánova -a finales del siglo XVIII- se exhibe en exposición permanente en la sala 4 del ala Denon del Museo del Louvre de París, (Esculturas Italianas de los siglos 16-19), galería donde también se encuentran los dos esclavos de Miguel Ángel.

Para abordar sus obras, Cánova esbozaba la idea en un dibujo sobre papel. Posteriormente, el artista hacía un modelo en arcilla de pequeñas dimensiones, para más tarde crear un modelo en yeso al tamaño exacto que tendría su obra definitiva. Para trasladar el modelo al mármol, el artista contaba con un habitual grupo de colaboradores que iban eliminando los residuos de mármol innecesarios aproximándose a la forma definitiva. Esto le permitió a Cánova trabajar en varias esculturas al mismo tiempo. Para concluir la obra, una de las particularidades interesantes del artista es que daba a sus esculturas un fino acabado pulido, que le daba un brillo excesivamente vítreo y lutroso, de un aspecto casi aterciopelado—, con el que consiguió numerosos elogios por su técnica magistral. Renovador del arte clásico en Italia, se forma en Venecia y ya en Roma es un innovador. Maestro del mármol, es el escultor de las grandes tumbas, como la de Napoleón. Cien años después y para rendirle su pequeño homenaje, Rodin abordó este tema mitológico con varias versiones de Eros y Psique, tallando de forma bella esculturas tan importantes como El Beso o La Eterna Primavera.


Mapa de localización (Museo del Louvre, París, Francia)


Créditos Fotográficos:
Fotos 1-2-3-4 y óleos 3-5 y 6 © Museo del Louvre, París
Foto 5 © Julien Fourniol Flickr
Óleo sobre lienzo 1 © Museo de Orsay, París
Óleo sobre lienzo 2 © Colección privada
Óleo sobre lienzo 4 © Galería de los Uffizi, Florencia, Italia
Anagrama Psique (Ѱ) mariposa © Dominio público
Mapa © Copyright Google Maps
Texto y Edición © José Miguel Hernández Hernández
Editor, Escritor y Fotógrafo de Arquitectura
Todos los derechos reservados jmhdezhdez.com




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Autor desconocido










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Éxtasis de Santa Teresa, por Gian Lorenzo Bernini, (Barroco Italiano), Capilla Cornaro, Iglesia de Santa Maria della Vittoria, Roma, Italia, 1644—1652



Nombre: Éxtasis de Santa Teresa
Promotor: Cardenal Federico Cornaro
Autor: Gian Lorenzo Bernini (Artista Universal)
Material: Escultura en mármol y motivos en bronce
Dimensiones: 350 cm. de altura
Estilo: Barroco Italiano
Tema: Religioso (recrea un éxtasis místico o divino)
Tipología: Grupo escultórico de bulto redondo
Fecha de realización: 1644-52
Nombres alternativos: El Éxtasis de Santa Teresa;
Éxtasis de Santa Teresa de Jesús; capilla de Santa Teresa de Jesús
Localización: Capilla Cornaro, Transepto izquierdo de la
Iglesia de Santa María della Vittoria, Roma, Italia


Después del gran desengaño amoroso sufrido con Constanza Bonarelli (su eterna amada) y su hermano pequeño Luigi, que le dejarán marcado para siempre, —además del proyecto fallido de las torres para San Pedro—, Bernini reaparece milagrosamente con la que se convertirá en su obra maestra, el Éxtasis de Santa Teresa, donde el virtuosismo del artista alcanzará su máximo esplendor. El encargo de esta obra se produce en una época totalmente marginal para Bernini, que le dejarán sumido en una gran depresión, ya que hasta ese momento había sido el artista protegido y favorito del papa Urbano VIII (1623-1644). Al morir éste y sucederle Inocencio X (1644-1655), -quien prefirió a su eterno rival, el arquitecto Francesco Borromini-, Bernini (El Caballero), quedará relegado a un segundo plano alejado temporalmente de los grandes encargos pontificios, trabajando en pequeños encargos particulares. Será en esta etapa de marginación, entre 1644 y 1652, después de terminar la icónica Fuente del Tritón de la Plaza Barbernini de Roma, cuando Bernini creará esta bellísima joya escultórica, que se convirtió no sólo en una de las obras más importantes del arte barroco italiano, sino también en una auténtica obra maestra de todos los tiempos.


arriba, Retrato del papa Urbano VIII (antes Maffeo Barberini), 1631-32, por Gian Lorenzo Bernini, (Barroco Italiano), Óleo sobre lienzo, Galería Barberini, Roma, Italia; abajo, contexto arquitectónico en el que se inserta la majestuosa escultura creada por Bernini, detalle del rostro sonriente —casi perverso— del ángel, y estudio para el rostro de Santa Teresa, Terracota, 1645, Museo Nacional del Palacio de Venecia, Roma, Italia.



El cardenal veneciano Federico Cornaro encargaba a Bernini allá por el año 1644 este interesante proyecto que consistía en remodelar el brazo izquierdo del transepto de la Iglesia de Santa María della Vittoria, en Roma, Italia, con la intención de convertirla en su capilla funeraria. "Esta iglesia era de la orden de las carmelitas, a la que había pertenecido Santa Teresa, canonizada poco antes en 1622". El encargo se produce en una época de gran incertidumbre y profunda crisis religiosa de la Iglesia, donde los encargos monumentales de este tipo pretendían atraer nuevamente a los fieles. La gran perfección técnica alcanzada por Bernini con la escultura Éxtasis de Santa Teresa le catapultaron definitivamente a convertirse en el Miguel Ángel del Barroco.



Lo más destacado de la capilla Cornaro es sin lugar a dudas el majestuoso grupo escultórico realizado en mármol blanco mediante la técnica de la talla denominado "Éxtasis de Santa Teresa" que centra toda la atención. Ambas figuras se insertan bajo un frontón saliente de líneas quebradas que simula un auténtico escenario de teatro, formando parte de un marco arquitectónico incomparable, —gracias a la gran solución espacial adoptada por Bernini—, en el que el artista ha querido mostrar un carácter puramente teatral, muy típico del barroco, inclusive con palcos llenos de espectadores a ambos lados de la capilla, en el que prima un punto de vista único y frontal. En el Barroco italiano, la arquitectura se puso al servicio de la escultura como telón de fondo, enfatizando la teatralidad, teniendo muy en cuenta el punto de vista del observador, al que se intentaba acercar el arte y hacerlo partícipe.


arriba, la capilla de día, en la que gracias a la luz natural podemos apreciar, no sólo el ilusionismo de la luz proyectada en ambas figuras por los rayos de sol materializados en bronce, sino también la maravillosa vidriera dedicada a Santa Teresa de Ávila en lo alto; abajo, imagen parcial de la fachada lateral izquierda de la Iglesia romana de Santa María della Vittoria, localizada en la Plaza de San Bernardo, en Roma, tras la que se encuentra la capilla Cornaro remodelada por Bernini.



Como curiosidad, he querido mostrarles el saliente de la fachada con el que Bernini consiguió dar sensación de realidad por medio de lo falso. Esta especie de volado en la fachada coronado por tres ventanales, —ocultos interiormente por el frontón—, dejan caer luz cenital sobre ambas figuras a través de una claraboya circular de color amarillo (imagen inferior), dando la sensación de que los rayos solares materializados en bronce parezcan ser la principal fuente de iluminación. « El valor del arte reside en la ilusión que nos produce. La maestría del artista consiste en el hecho de que su obra dé sensación de realidad, aunque todo en ella resulte ser artificioso. », Gian Lorenzo Bernini.



Gracias a la luz cenital que fluye desde la claraboya, los pliegues de ambas figuras dan lugar a bellos efectos lumínicos de claroscuro. El claroscuro es una técnica pictórica que consiste en crear grandes contrastes entre zonas fuertemente iluminadas y otras muy ensombrecidas, mediante la gradación de tonos lumínicos, con lo que se consigue no sólo destacar partes concretas de la composición, sino también mayores efectos de relieve y modelado. Esta técnica alcanzó su etapa de madurez en el Barroco Italiano, especialmente en el trabajo del pintor Caravaggio, máximo representante del tenebrismo. « ¿Como superas a Caravaggio? Respuesta: no puedes, más que esculpiendo... », Simon Schama.


La Vocación de San Mateo, 1599-1600, por Caravaggio, Óleo sobre lienzo, 322 x 340 cm., (Barroco Italiano), Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma, Italia

Bernini talló el Éxtasis de Santa Teresa mediante una gran calidad y perfección técnica. Lo podemos apreciar en las vestimentas de ambas figuras, que adquieren personalidad propia (típico del Barroco). Sus formas se hinchan, los pliegues se multiplican y arremolinan, y salvo por los pies desnudos o la mano izquierda, casi no se intuye el cuerpo de la santa. En el ángel clásico, sin embargo, el ropaje sí se pega al cuerpo literalmente. Bernini dio por tanto un mayor énfasis al movimiento de las vestimentas que al de definir propiamente las anatomías; el ropaje del ángel fue representado mediante una fina tela, mientras que el hábito de la santa fue confeccionado mediante paños gruesos.


arriba, La Transverberación de Santa Teresa, Óleo sobre tela, 1672, por Josefa de Óbidos. Santa Teresa sufrió un episodio de Transverberación. Es una experiencia mística que, en el contexto de la religiosidad católica, ha sido descrito como un fenómeno en el cual la persona que logra una unión íntima con Dios, siente traspasado el corazón por un fuego sobrenatural.

La escena principal describe un momento de "éxtasis religioso" protagonizado por Santa Teresa de Jesús (1515-1582), un pasaje que ella misma cuenta en el capítulo XXIX del libro que escribió sobre su vida, cuando se le apareció un ángel por casualidad que le clavó repetidas veces un dardo de oro en el corazón, produciéndose así su "experiencia mística". La escena elegida por Bernini muestra el momento en el que el ángel saca la flecha por última vez y éste le cubre el pecho nuevamente con delicadeza. La expresión del rostro de la santa, con los ojos entornados y la boca entreabierta, —en contraste con la complaciente sonrisa del ángel—, muestra un sentimiento ambivalente (de dolor y placer).



Según sus propias palabras: «Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. El dolor era tan fuerte que me hacia lanzar gemidos, mas esta pena excesiva estaba tan sobrepasada por la dulzura que no deseaba que terminara. El alma no se contenta ahora con nada menos que con Dios. El dolor no es corporal sino espiritual, aunque el cuerpo tiene su parte en él. Es un intercambio amoroso tan dulce el que ahora tiene lugar entre el alma y Dios, que le pido a Dios en su bondad que haga experimentarlo a cualquiera que pueda pensar que miento...»


arriba, detalle del rostro en mármol caracterizado por Bernini, donde se aprecia la conciencia totalmente perdida de la santa, con los ojos a media asta y la boca entreabierta, —entregada totalmente al placer—, simulando un "éxtasis divino". En contraposición, el ángel clásico muestra una sonrisa tierna, amorosa y enigmática, pero a su vez de un sutil erotismo, como si de verdad estuviese complaciendo a la santa en vivir ese mágico momento de "éxtasis místico".


arriba, tierna y sobrecogedora imagen idealizada de Santa Teresa de Jesús a través de Madame Juliette Recamier, por François Gerard, (Romanticismo), 1827, Óleo sobre lienzo, 172 x 93 cm., París

El Barroco Italiano, —que se desarrolló principalmente durante los siglos XVII Y XVIII—, "es un estilo de ornamentación caracterizado por la profusión de volutas, roleos y otros adornos en el que predomina la línea curva", pero también sinónimo de teatralidad. La capilla Cornaro está concebida por Bernini como un auténtico escenario de teatro, en donde se desarrolla una escena principal protagonizada por Santa Teresa de Jesús, que se inserta en un marco arquitectónico incomparable, -a modo de escenario teatral-, inclusive con bambalinas, representadas por el frontón, además de palcos llenos de espectadores a ambos lados de la capilla; se trata de varios miembros de la familia Cornaro, algunos de ellos contemplando el espectáculo protagonizado por la santa. Chevalier de Brosses, un francés gran amante del arte que pasaba unos días en Roma, después de ver la escultura "Éxtasis de Santa Teresa" de Bernini, dijo: « Bueno, si eso es el amor divino, sé todo al respecto. »


Según cuenta Santa Teresa en su Autobiografía, titulada el "Libro de la Vida", el ángel que se le apareció fue un "ángel querubín". En la angelología cristiana, los ángeles querubines son considerados guardianes de la gloria de Dios. Se les suele representar con la forma de un niño con alas, o simplemente con la cabeza del mismo y sus alas. Su desplazamiento es veloz: "los seres iban y volvían, como si fueran relámpagos"; abajo, estudio para la capilla Cornaro, en el que se aprecia como Bernini solucionó el proyecto de la capilla mediante gran geometría.


« La simetría es la regla más elemental de producir belleza, que a la vez es altamente contradictoria. », Santiago Calatrava

El monumental conjunto arquitectónico de la capilla, en el que se funden arquitectura, escultura y pintura, está decorado con motivos en oro, frescos y preciosos mármoles veteados de ricos colores. Para la escena principal, y sin llegar al colosalismo, Bernini talló de forma magistral un grupo escultórico de bulto redondo de 3,50 metros de altura compuesto por dos figuras en aspa, muy característico del barroco, con el ángel en un nivel superior en vertical, -como si acabara de posarse-, y la santa en una posición reclinada, con la articulación del cuerpo de forma sigzagueante. Ambas figuras se contraponen sugiriendo gran agitación y sobre todo una intensa fuerza dramática. Bernini dio un distinto tratamiento pulido a los tres elementos que conforman la obra, suave en el cuerpo del ángel, cortante en el hábito de la santa, —debido a los marcados pliegues del ropaje—, y blanda en las nubes sobre las que flotan. La luz juega un papel fundamental en la composición, ya que al incidir de forma cenital sobre los marcados entrantes y salientes de la superficie de la escultura, se generan fuertes contrastes de luces y de sombras, con lo que se acentúa notablemente el dramatismo de la obra, dándole un carácter enteramente pictoricista.


arriba, detalle de los espectadores en alto relieve, se trata de varios miembros de la familia Cornaro, los promotores de la obra, que llenan palcos en profundidad a ambos lados de la capilla; abajo, el Éxtasis de Santa Teresa, 1645, por Gian Lorenzo Bernini, Boceto en Terracota, 45 x 35 x 22 cm., Museo Estatal del Hermitage, San Petersburgo, (RU).



Bernini tiene su propio proceso creativo a la manera (maniera-manierismo) de Miguel Ángel. Después de hacer un boceto (esbozo) previo con la técnica pictórica de carboncillo o sanguina sobre papel, realizaba un modelo en terracota (barro) con la idea que quería plasmar, para más tarde realizar una escultura final, generalmente en mármol o bronce. Como curiosidad, el famoso arquitecto Frank Gehry se inspiró en los pliegues del vestido de Santa Teresa para diseñar la fachada de formas ondulantes de su rascacielos de Nueva York, que definió con su característico "efecto cortina".


arriba, imagen nocturna de la capilla Cornaro de la que forma parte la majestuosa escultura Éxtasis de Santa Teresa creada por Bernini, en donde se aprecian también los frescos en lo alto, además de la gran profusión de adornos, en un escenario excesivamente recargado de decoración, característico del Barroco; abajo, Retrato del Papa Inocencio X, por Diego Velázquez, 1650, (Barroco Español), Óleo sobre lienzo, 140 x 120 cm., Galería Doria Pamphili, Roma (ITA)



Bernini siempre contaba con un habitual grupo de colaboradores. Mientras se iban completando los trabajos de la capilla Cornaro, el Papa Inocencio X (1574-1655) devuelve nuevamente la estima a Bernini encargándole una fuente central para la alargada Plaza Navona de Roma, con la dificultad añadida de tener que realzar el centro del espacio, sin romper la unidad de la plaza. Este proyecto no era otro que el de la famosa Fuente de los Cuatro Ríos, un proyecto que Bernini arrebató con mucha astucia a su eterno rival, Francesco Borromini, con el que conseguía así volver a recuperar su posición como arquitecto y artista supremo al frente del papado, que continuaría hasta el final de su vida.


Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni, 1671-74, (Barroco Italiano), Escultura en mármol, 188 cm., capilla Altieri, San Francesco a Ripa, Roma, (ITA); abajo, detalle



En religión, el éxtasis es el "estado del alma caracterizado por cierta unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, y por la suspensión del ejercicio de los sentidos". En la misma línea que el Éxtasis de Santa Teresa y en la plenitud de su carrera, —también para limpiar el nombre de su familia—, Bernini crea en los últimos años de su vida la bellísima escultura de la Beata Ludovica Albertoni (1474-1533) para la capilla Altieri de la Iglesia de San Francesco a Ripa, en Roma, Italia. Se trata de una figura tallada en mármol blanco a una escala un poco mayor que el natural, que reclinada, recrea el "éxtasis místico" en el que murió la beata. Bernini reflejó en su rostro en este caso una mezcla de sufrimiento humano y felicidad celestial, no en vano, la beata se iba a reunir en breve con el Señor.


Mapa de localización, capilla Cornaro, Transepto izquierdo de la Iglesia de Santa Maria della Vittoria, Plaza de San Bernardo, Roma, Italia





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